Nada permanece, excepto el cambio - ADNTRO

Nada permanece, excepto el cambio

La predisposición genética (en ocasiones también conocida como susceptibilidad genética) es la probabilidad que tiene un individuo de desarrollar una enfermedad debido a su componente genético.

La predisposición genética se determina en base a variaciones genéticas específicas que normalmente se heredan de uno de los progenitores. Dichas variaciones genéticas contribuyen al desarrollo de una enfermedad, pero no la causan directamente. Lo que significa que, para la misma enfermedad, un grupo de personas con predisposición genética alta desarrollarán la enfermedad, mientras que otro grupo no lo hará.

Los estudios GWAS ponen su foco en identificar cambios genéticos asociados con una mayor predisposición genética para una enfermedad en concreto. A pesar de que cada variante genética asociada tiene un pequeño efecto, presentar variaciones en numerosos genes puede aumentar de manera significativa el riesgo de padecer una patología. La combinación de estos efectos genera una métrica conocida como puntuación poligénico o “polygenic score” que se espera que sirva como guía en un futuro para tomar decisiones en el ámbito de la salud.

Esta imagen explica muy bien el foco que tienen los estudios de GWAS, el análisis de variantes muy frecuentes, con pequeño impacto (abajo a la derecha). Existe una relación inversa entre el impacto de una variante genética (effect size) y la frecuencia con la que la encontramos en la población (Alelle Freq.), algo muy lógico desde una perspectiva evolutiva (mutaciones con un gran impacto, que afortunadamente son poco frecuentes)

Fuente: Keynotes de Manolis Kellis, Profesor del MIT

A pesar de que el componente genético de una persona no se puede alterar, cambios en su ambiente y en su estilo de vida (nutrición, fumar…) son capaces de disminuir o incrementar el riesgo de desarrollar una enfermedad normalmente con un impacto mayor al que tienen nuestros genes por sí solos.

El valor poligénico únicamente puede explicar el riesgo relativo de la enfermedad. ¿Por qué relativo? Los datos que se usan para generar dicha puntuación provienen de estudios genómicos a gran escala. Estos estudios detectan variantes en el genoma comparando grupos con una enfermedad (casos) y grupos sanos (control).

Es por ello que el valor poligénico compara el riesgo de una persona con el riesgo que poseen el resto de personas, todas ellas con una composición genética diferente.

Ahora bien, ¿qué puede modificar mi riesgo? Existen tres factores principales a tener en cuenta:

  1. El avance de la ciencia: El mejor ejemplo es el descubrimiento de nuevas variantes. ¿Y esto qué quiere decir? Publicación de nuevos estudios sobre una enfermedad o sobre cualquier otro rasgo. La adición de nuevas variantes cambiará tu resultado aumentando los niveles de confianza de los mismos. Otra cosa que puede afectar a tus resultados es la modificación del peso que tiene cada una de las variantes.
  2. Tamaño del estudio: La cantidad de personas que se incluyen en el estudio es relevante para aumentar los niveles de confianza de los resultados. Y no solo eso, sino la cantidad de personas contra la que se comparan tus resultados: cuanto mayor, mejor ya que aumenta la confianza estadística de los resultados.
  3. La distribución del riesgo: cuando evaluamos tu predisposición relativa (comparándola con una población de referencia), cómo está distribuido el riesgo afecta a los resultados.

Cuando hablamos de valor poligénico siempre hablamos de probabilidad, no de certeza, siendo esto una limitación clave para su implementación en la clínica (las evidencias más débiles se encuentran en poblaciones con ancestría no Europea).

En ADNTRO trabajamos día a día para mejorar nuestros algoritmos y la información que proporcionamos a nuestros clientes. Por ese motivo pensamos que la variable tendencia puede ser realmente útil para utilizarla en algoritmos Bayesianos como la probabilidad “a priori” (ajustada y normalizada).

@adntro ¡Mantenemos tu ADN actualizado! Y recuerda “Todo cambia, nada permanece” (Heraclito, 3000 a.C).

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